


“En Cuaresma, somos invitados nosotros también a dejarnos iluminar por Jesús”
Vientos Tucumanos Noticias

El Vicario de la Diócesis de la Santísima Concepción, Padre Fabián Brito


Nosotros escuchamos recién este relato del Evangelio, el capítulo 9 del Evangelio de Juan, pero es una versión abreviada que los quiero invitar a que en sus casas tomen la Biblia y busquen el Evangelio de Juan y lo lean completo al capítulo 9. Ahí van a poder descubrir algunos signos importantes para ahondar también en esta palabra. Este texto que escuchamos hoy tiene un sentido claramente bautismal. Vemos por un lado a un ciego, por otro lado, el gesto de Jesús, lo envía a lavarse en una piscina. Supone el lavado que produce el pecado, que produce el bautismo, supone para nosotros también una preparación para renovar nuestra fe bautismal en la Paz. Este texto tiene una característica, muchas características.
Lo primero que nos dice, nos muestra, sabemos que Jesús hizo muchos milagros, curó muchos ciegos, pero en este caso vemos como el relato nos dice que el Señor hizo barro, lo puso sobre los ojos y luego lo mandó al ciego a lavarse a la piscina de Siloé, que significa enviar. Puede haberlo hecho con solo quererlo o con un simple gesto, pero hizo todo este proceso. Eso tiene un significado. Vemos también como una vez que se produce el milagro y el ciego comienza a ver y todos se extrañan de eso, vemos como en sucesivas preguntas quieren entresacar de él quien es aquel que lo ha sanado, quien le ha devuelto la vista y en las distintas respuestas que va dando, va ahondando en su fe y en su imagen sobre Jesús. Primero es alguien que le curó, después termina siendo un profeta y al final termina siendo aquel que el Señor lo llama Señor a que Jesús se postre delante de él. Por esto el texto nos quiere mostrar que la fe es eso, un camino, un proceso. Nosotros vamos siendo iluminados para que podamos descubrir a Jesús con mayor claridad en nuestra vida, para que podamos dejarnos iluminar por su luz, por su luz. Primero hace va, luego lo manda la va. Primero es alguien que lo curó, después es un profeta y después es el Señor. El proceso de fe que todos hacemos en la vida. Ahora bien, para poder entenderme aún más de esto, es bueno tener presente cuál es la imagen que tenían en la antigüedad sobre una persona ciega. No solamente aquella persona que padece esta situación, esta dificultad, sino además también es una persona que vive en las tinieblas. Nos parece natural pensar esto, pero imaginémonos por un momento el significado espiritual que esto tiene. Vivir en las tinieblas no entra a la luz, no entra a la luz de Dios. Supone la imagen de un hombre que está alejado de Dios, que no lo conoce de Dios. Por eso cuando el Señor lo encuentra viviendo pidiendo limosna, en realidad es la imagen del hombre lejos de Dios, que no solamente no tiene luz en la inteligencia, sino no tiene vida, no tiene vida en su espíritu, no tiene vida espiritual, no habita el Señor en él.
San José patrono de la iglesia, acompaña con su imagen en la iglesia Catedral
Nosotros identificamos por lo general la luz con la inteligencia, pero la luz en el Evangelio de Juan hace más referencia a la vida. Por eso nosotros decimos por ahí cuando nace un niño, decimos la madre lo dio a luz, le dio la vida. Se trata de esto, no tiene la vida de Dios del cielo. El hombre alejado de Dios, que no lo conoce, no tiene vida en él. Si nosotros pensamos en esto, en este contexto de la Cuaresma, somos invitados nosotros también a dejarnos iluminar por Jesús, a permitirle a Él que nos envíe nuevamente a la piscina, que podamos renovar nuestro encuentro con Jesús vivo, para que nosotros renovemos así también nuestra fe. Que no solamente vamos a encontrar en Jesús el sentido de nuestra vida, sino además también la vida misma. Jesús es quien va a biblificar así mi vida, nuestra vida. En la Cuaresma, escuchar esta palabra supone animarnos con humildad a hacer un camino para renovar nuestro vínculo personal con Jesús, para que en el día de la Pascua todos podamos abrir nuevamente a la fe, animarnos a renovar nuestro compromiso de fe, nuestras promesas bautismales. Así como el Señor le dio luz a este hombre, Dios nos va a dar también en la Pascua la luz de la fe renovada en nosotros, que va a permitir no solamente iluminar nuestro templo, sino iluminar las posibilidades más profundas que nosotros tenemos. No solamente este caos que todos tenemos, sino a veces el sentido de la vida, la desorientación de nuestra vida, el dolor, la falta de consuelo que todos tenemos, la búsqueda de paz que todos tenemos también. El Señor será aquel que responderá a esto y podrá satisfacer esto en nosotros. Por eso le pidamos al Señor en nuestra Eucaristía de hoy, animarnos a ser acompañados por su palabra, animarnos a renovar nuestro encuentro personal con Jesús, animarnos a prepararnos debidamente para que el día de la Pascua todos podamos renovar con conciencia nuestra fe y nuestra decisión de seguir a Jesús. Seguirlo a medias, dejar para después el compromiso, es algo que no nos debe pasar, sino que la cuaresma es justamente para que nosotros podamos renovar nuestro compromiso, actualizarlo, renovar nuestra experiencia del Jesús vivo que habita en nosotros. Pidamos al Señor la gracia de caminar este tiempo con fecundidad, con verdadera profundidad en nuestro espíritu, aprovechando todo lo que el Señor dispone en nuestra vida para prepararnos para apostar nuevamente por el Señor y prepararnos en la vigilia para el Señor.


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