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Mons. Díaz: “La verdadera riqueza proviene de Dios y se manifiesta en la justicia, misericordia y pureza de corazón”

El Obispo José Antonio Díaz, explicó, la Bienaventuranza es sinónimo de felicidad. En primer lugar, cuando se habla de los pobres.

RELIGION 02 de febrero de 2026Vientos Tucumanos NoticiasVientos Tucumanos Noticias
Bienaventurados B
Mons. José Antonio Díaz, analizó en su homilía, las Bienaventuranzas de Jesús.

El Obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción, José Antonio Díaz, explico en su homilia de este domingo 01 de febrero, Las Bienaventuranzas de Jesús. A continuación el mensaje completo del prelado. 

Mons. José Antonio Díaz: De parte de dios, la prioridad es la constitución de un pueblo pobre y humilde que se refugiará en el nombre del señor. Por eso la exhortación, busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos el día de la ira del señor. Y el señor, al inicio del sermón de la montaña, en donde comienza a enseñarles a los discípulos cuál es el verdadero estilo de vida que él estaba inaugurando, ya no se reducía a los preceptos del antiguo testamento, sino a una forma de vida nueva. Y esa forma de vida nueva tiene algunas características muy particulares que aparecen en estas bienaventuranzas de Mateo, que son ocho, Lucas también tiene bienaventuranzas, nada más que Lucas tiene ayes, es decir, ay de ustedes, bienaventurados los pobres, pero ay de ustedes los ricos, los soberbios, etcétera. Lo cierto es que en esta enseñanza el señor nos da algunas pautas que marcan a la iglesia, marcan al cristiano, marcan en su manera de pensar y de vivir. Lo primero que uno se pregunta es por qué llama bienaventurados y felices aquellos que sufren, aquellos que son pobres, aquellos que padecen, aquellos que son perseguidos, etcétera, que pareciera ser, debería ser motivo de compasión, más que de bienaventuranza. 

La bienaventuranza es sinónimo de felicidad. En primer lugar, cuando se habla de los pobres, que nosotros, los cristianos, especialmente la iglesia, ha sido muy criticada en ese sentido, y lo es y lo sigue siendo, porque pareciera ser que nosotros exaltamos o propiciamos un estilo de vida en indigencia y en pobreza, en el sentido de que le decimos a la gente pobre que se quede pobre. Y esa no es la cuestión, en primer lugar, porque no se trata solamente de un hecho socioeconómico, cuando nosotros hablamos de bienaventurados los pobres, Mateo lo dice claramente, felices los que tienen alma de pobres o los que son pobres en el espíritu, es decir, tienen consciencia de su indigencia, porque por más que yo esté rodeado de bienes materiales, el dinero no me salva la vida, el dinero no me resuelve los problemas fundamentales del que tienen que ver con todos esos valores que no se compran y que hacen a la esencia de la vida humana y de la vida del cristiano. Y es una advertencia que el señor nos hace, porque en realidad nosotros y la sociedad de consumo la podemos observar, nos ha convencido de que la felicidad se hace o se vive de una manera encadenada por momentos vividos intensamente, vividos a un nivel sensorial, emocional, pero que no trascienden. Entonces, una vez que se agota, se acaba, que suele ser en corto tiempo, tengo que salir corriendo, a ver, de gratificarme nuevamente con otros elementos, poniéndome nuevas metas cortas, intensas, como para hacer como una cadena de una felicidad hecha a tramos y a tramos cortos. Pero todo eso es vivir en una ilusión, porque la verdadera felicidad no está en eso. 

Bienaventurados ACuando uno habla de pobreza, de humildad, está hablando de una realidad que somos nosotros, nada más que no lo queremos aceptar. El humilde, la palabra humildad proviene de humus, tierra, significa la realidad más profunda de lo que somos, la fragilidad humana, la necesidad del otro, somos indigentes. Y cuando en la humanidad se quiso decir otra cosa o enseñar otra cosa, como ser, por ejemplo, determinadas filosofías que decía que había que matar a Dios para que el hombre se reafirme a sí mismo y sea fuerte, rico, poderoso, y no haya nadie que le sirva de techo, en realidad, Dios en ningún momento le puso techo al desarrollo humano, al contrario, se hizo hombre, se identificó con nosotros para enseñarnos cuál es el camino de la plenitud, de la vida plena. Y esto nosotros muchas veces lo hemos malinterpretado, por eso cuando hablamos de bienaventuranza, cuando decimos feliz a aquel que vive consciente de su pobreza, estamos diciendo feliz aquel que vive en la verdad, feliz aquel que está viendo, mirando, pesando su realidad personal, y no hace consistir su valía ni en el dinero ni en el poder ni en la influencia ni en el dominio sobre el otro ni en la es decir, todo aquello que en realidad no hace más que distraernos mentirosamente, porque en la valía nuestra está en lo que dice Pablo, de tal modo que el que se gloría, que se gloríe en el señor, es decir, nuestro valor nos viene participado de Dios, porque él es nuestro creador, porque él es nuestro redentor, él nos ha salvado y nos ha hecho partícipes de su naturaleza. Por lo tanto, nuestra verdadera riqueza no consiste en logros que nosotros hayamos alcanzado, aunque sin duda que hay que celebrar la capacidad que tenemos en orden a resolver ciertas cuestiones o alcanzar determinadas metas, pero en el fondo siempre tenemos que reconocer que esa capacidad nos viene de Dios, nosotros a nosotros nos toca desarrollar. 

Cuando se habla de felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia, es el aprendizaje de una vida hecha a largo plazo, y que solamente se alcanza con el paso del tiempo, y cuando uno ha perseverado en eso, alcanza la meta. Y somos felices de haber transitado un tiempo difícil y que, a pesar de las dificultades y que las cosas se pudieron haber demorado, pareciera ser que Dios nos responde. Sin embargo, llegó el momento oportuno, llegó el momento en el que podemos decir, gracias a Dios hemos alcanzado la meta, pero es la paciencia lo que nos ha sostenido en el camino. 

Por eso felices, felices aquellos que no viven la vida apresurados o corriendo, como si la vida consistiera en alcanzar metas simplemente, olvidándonos de los momentos más importantes de compartir la vida con los demás, por ejemplo, especialmente en la propia familia. 

Felices los afligidos, que tienen seguramente algún motivo de aflicción o de llanto, porque si lo hacen unido a Jesucristo y a la cruz de Jesús alcanzarán la meta. 

Felices los que tienen hambre y sed de justicia. En un momento determinado, Jesús les dijo a los discípulos, trabajen por el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. De manera que este trabajar con un sentido claro de la justicia, que luego está vinculado con los que trabajan por la paz, porque la paz se construye sobre la verdad y sobre la justicia, no se puede construir la paz sin verdad y sin justicia, porque eso sería engañoso. 

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. A nosotros se nos ha concedido vivir por misericordia de Dios, resolver ciertos problemas que no podríamos haberlo resuelto sin la ayuda de los otros y sin la ayuda de Dios, por la misericordia de Dios y de los otros. Por eso, felices los misericordiosos, porque encontrarán misericordia. Normalmente, la persona cruel, que no tiene piedad con los demás, que no perdona, es una persona que normalmente o no encuentra misericordia de parte de otros, o no admite que los otros lo traten con misericordia, porque no acepta que en la vida humana tengamos que perdonar a los que nos han ofendido, por eso el señor se encarga de resaltar en la oración del padre nuestro, esa parte del padre nuestro, en donde decimos perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. Y esta es una dimensión clave, fundamental en la búsqueda de la plenitud, de la dicha, de la felicidad. 

BienaventurdosFelices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. En los ojos muchas veces se sintetiza, y en la mirada se sintetiza la intencionalidad de la persona. El papa en una exhortación, en la última exhortación apostólica, habla justamente de volver al corazón, porque en el corazón no solo está la sede de las decisiones de la persona, sino que además allí es donde uno encuentra las verdaderas intenciones, lo que motiva al corazón o a la persona. Volver al corazón significa volver a mirarme internamente para poder descubrir quién soy, y en esto está relacionado y vinculado con la pobreza y la humildad. Solamente aquel que se mira con humildad reconoce su propia verdad, y no se está mintiendo todo el tiempo. El corazón puro garantiza una mirada de pureza, y no me estoy refiriendo solamente a pecados que tienen que ver con la carne, hay pecados que tienen que ver con el espíritu y que requieren de pureza de corazón para poder entender a la otra persona y adentrarme en el misterio que la otra persona es, sin lo cual probablemente yo esté proyectando mis propias dificultades y problemas en la otra persona, o los propios prejuicios, embarrando, diríamos, a la otra persona con mi mirada malintencionada. 

Felices los que trabajan por la paz, hablábamos de esta vinculación que hay entre los que trabajan por la justicia y los que trabajan por la paz, porque no puede haber paz sin justicia. 

Felices también los que son insultados y perseguidos a causa de la justicia, porque, entonces, estarán vinculados con aquel que murió por nosotros en la cruz, es decir, a ellos les pertenece el reino de los cielos. 

Como ustedes verán, hay una bienaventuranza y hay una consecuencia, hay un alcanzar una meta. Felices los pobres, porque ellos a ellos pertenece el reino de los cielos, los afligidos porque serán consolados, los pacientes porque recibirán la tierra en herencia, etcétera. 

A cada bienaventuranza corresponde justamente un premio eterno. La felicidad consiste no solo en el pasar de la historia y en el tiempo, sino alcanzar la meta final. Por eso las bienaventuranzas nos remiten al trabajo que tenemos para hacer, pero sobre todo alcanzar la meta eterna. Somos un pueblo y necesitamos recuperar nuestra conciencia que tenían los Anahuín, es decir, ese pueblo pequeño que Dios estaba reservando para empezar todo de nuevo. Y, de hecho, Jesús les está hablando a aquellos que están por empezar una nueva etapa en la historia, que son los discípulos, que son los apóstoles, y que son aquellos que los está lo estaban escuchando. A ellos se dirige este nuevo estilo de vida que él quiere fundar. 

Que nuestra búsqueda de la felicidad, entonces, esté orientado especialmente a partir de una mirada realista, humilde, con la clara conciencia de que somos pobres y necesitados de Dios y de los otros, y que estamos llamados a vivir en pureza de corazón, trabajar por la justicia, por la paz y perseverar aún en los momentos más difíciles que nos toque vivir en este trabajo y a pesar de las persecuciones que podamos sufrir. Porque Dios eligió lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes. Dios eligió lo que es vil y despreciable, lo que no vale nada, para confundir a lo que vale, con lo cual está diciendo Pablo, si a partir de su propia experiencia, en realidad, Dios no quiere que presumamos de nuestros logros personales, como si eso no hubiera dependido de la gracia de Dios. 

El que se gloría, que se gloríe en el señor. Que estos pensamientos nos acompañen durante toda esta semana y que podamos ir caminando en la vida con felicidad, con plenitud, con clara conciencia de lo que somos, anhelando lo que el Señor nos ha prometido, que es la vida plena y una vida eterna.

 

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