


“Hay una especie de confusión de principios, de normas sociales que se usan para decir que cosa esta bien y que esta mal"
Vientos Tucumanos Noticias

Mons. José Antonio Díaz, presidió la Celebración Eucarística, este domingo en la Iglesia Catedral de la Diócesis de la Santísima Concepción.
La 1º lectura del libro de la sabiduría nos da algunas pautas que necesitamos aprender a manejar en nuestra vida cristiana. En primer lugar, aparece la paciencia de Dios que da lugar siempre al arrepentimiento, porque después del pecado das lugar al arrepentimiento, dice el libro de la sabiduría. Y el texto del evangelio hace referencia, justamente, hay que hay que esperar, no hay que apresurarse, ni los juicios ni las condenaciones que a veces nosotros hacemos, cerrando por allí algunas afirmaciones que están basadas en impresiones que nosotros tenemos. Y aparece este desafío de discernir, que es distinguir entre el bien y el mal, entre el trigo y la cizaña. Y ese trabajo de discernimiento conlleva que tengamos la mirada y la actitud de Dios, que sabe esperar con paciencia para que no afecte al trigo el apresuramiento de emitir juicios que no corresponden.
El discernimiento tiene que ver con este aprender a mirar al otro y mirar los acontecimientos con la paciencia de Dios, con el juicio misericordioso de Dios, que da lugar al arrepentimiento y permite que las personas que se pudieron haber equivocado tengan la oportunidad de restablecerse. Nosotros no estamos para condenar. Eso le toca a Dios porque es el único que logra pesar en profundidad a aquellos a quienes tiene que, sobre los cuales tiene que emitir un juicio al final de los tiempos. Pero eso será al final, Mientras vamos de camino, todos, por ser libres, tenemos la oportunidad de restablecernos en nuestra vida, recuperar nuestra dignidad, cambiar, convertirnos y empezar una vida nueva. Y esto es, en realidad, lo que ha venido a hacer Jesús, abrirnos la posibilidad de una vida nueva y no quedarnos enfrascados o enmarcados en el error que pudimos haber cometido en nuestra vida.
Esto se tiene que reproducir también en las relaciones interpersonales dentro de la casa, en la sociedad, una mirada compasiva que le permita al otro reivindicarse. O empezar de nuevo, es propio de aquel que se deja conducir por el espíritu de Dios, que viene en ayuda de nuestra debilidad, dice Pablo a los cristianos de Roma, porque no sabemos orar como es debido, pero el espíritu intercede con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad de Dios. Por lo tanto, el discernir sobre las realidades del mundo es para nosotros una exigencia de estar en sintonía con el espíritu santo, en quien hace triunfar la misericordia sobre el juicio. Apresurarnos sería para nosotros usar una medida que luego será usada con nosotros, porque esa especie de apresuramiento para condenar a otros por los errores que pudo haber cometido puede llegar a caernos también como la vara de medida que nosotros usamos con los demás.

Esto es importante que el cristiano lo tenga presente, por eso es necesario suspender el juicio condenatorio en todos los casos. Porque en todos los casos, Dios da lugar a la misericordia, después del pecado das lugar al arrepentimiento. Pero, por otro lado, también hay una tarea de discernimiento sobre el bien y el mal que se nos exige en el contexto de una cultura que mezcla todo. Y esa mezcla hace que, de pronto, ya no sepamos bien qué es trigo y qué es cizaña, qué está bien y qué está mal. Aparentemente, estamos dando lugar a una especie de confusión de principios, de pautas, de normas, y son otros los ejes que rigen la convivencia social o los parámetros que se usan para decir que una cosa está bien y que está mal.
Este es un desafío que tiene el cristiano para que también, dejándose conducir por el espíritu santo, logre hacer un discernimiento correcto sobre qué es lo que agrada a Dios, qué es lo que está en sintonía con la voluntad de Dios. Y eso solamente el espíritu santo nos puede indicar.
No son apreciaciones que nosotros podamos hacer tan libremente, en el sentido de que los principios que maneja Dios son distintos de los principios que nosotros manejamos, y muchas veces nos equivocamos. Por eso vale la pena que en este domingo nosotros hagamos este discernimiento para, en primer lugar, frenar todo apresuramiento a la hora de emitir un juicio, pero, por otro lado, también formarnos en en esta tarea de discernir, en esta tarea de distinguir entre el bien y el mal, y ponerle nombre, el nombre que corresponde a cada cosa, para no llamar trigo a la cizaña y para no llamar cizaña al trigo. En este último tiempo, en la iglesia católica estamos sufriendo embates cismáticos que generan confusión, y que, incluso, en algunos casos, pareciera ser que la iglesia católica, bajo la guía del sumo pontífice, es la que tiene que estar en el banquillo de acusados operando una especie de especulación en contra de ella para contrarrestar las excomuniones que el santo padre ha dispuesto en casos en donde hay una ruptura, una voluntad de ruptura, porque hay desobediencia a la voluntad del sumopontífice.
Pero, sin embargo, aquellos que están justamente acusados de esto son los que ponen en entredicho a la iglesia católica, como diciendo, es la iglesia católica la que tiene que rendir cuentas, sino nosotros. Y esto se expande por las redes sociales y mucha gente se confunde. Entonces, resulta ser que el que que está en el banquillo de acusado es el Santo Padre, y no aquellos a los que el Santo Padre ha puesto en excomunión. Y digo esto porque, no solo de un lado, sino también de otro, el sínodo alemán, que también afecta a la confusión de la iglesia, y a muchos cristianos que ya no saben distinguir qué es lo que corresponde, qué es lo que no corresponde, dónde está la voluntad de Dios, etcétera. Por eso necesitamos volver a la oración, a discernir bajo la acción del espíritu santo que nos conduce y nos guía a la verdad completa, y mantener la comunión firme con el Santo Padre, que es a quien el señor le ha confiado conducir la barca de Pedro.
Que bajo estas consideraciones, nosotros, en primer lugar, seamos capaces de mirar con misericordia y paciencia a las personas con quienes compartimos la vida y a todos los hermanos, a toda la comunidad, que requiere de paciencia para poder ser, para poder aceptar los procesos de maduración que no siempre son fáciles y no siempre son tan claros. Que la Santísima Virgen, especialmente nuestra madre del Carmen, a quien honramos durante este mes, nos ayude para resguardar este espíritu de unidad eclesial y esta claridad de discernimiento que solamente el espíritu nos puede dar.


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