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#Pentecostés: “Vivir y cultivar una espiritualidad sólida, firme, profunda, significa dejarnos conducir por la acción del Espíritu Santo”

El Obispo José Antonio Díaz, resaltó la necesidad de discernir la acción del Espíritu Santo en nuestra vida y de pedirle guía en la oración.

RELIGION 19 de mayo de 2024 Vientos Tucumanos Noticias Vientos Tucumanos Noticias
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Mons. Díaz, resaltó la necesidad de discernir la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.

La “Homilía” de este domingo de #Pentecostés a cargo del Obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción, Mons. José Antonio Díaz.

Abran las puertas y salgan a predicar el Evangelio sin ningún tipo de temor, de miedo, de límite, dando la vida, luego que habían abandonado a Jesús en el momento de la cruz, no tienen miedo a que se las quiten a ellos. Por lo cual, en primer lugar, necesitamos reconocer que aquí hay un acontecimiento de orden espiritual y sobrenatural extraordinario, que supera lo que nosotros nos podemos imaginar salvo que hayamos tenido una experiencia de ese mismo orden que nos haya transformado la vida, un propio Pentecostés, un momento que si bien lo tuvimos sacramentalmente porque recibimos el bautismo y recibimos el sacramento de la confirmación, pero no siempre se repite esta explosión de vida que aparece casi como un Big Bang eclesial porque sale y comienza a partir de allí un nuevo momento en la historia de la humanidad. Ese acontecimiento se reproduce a lo largo de la historia y es un acontecimiento que hace nuevas todas las cosas, es un acontecimiento que no sólo cambia la perspectiva, la mirada de los apóstoles, sino que además transforma sus vidas.

Cada uno de los apóstoles tuvo una experiencia muy particular y cada uno la recibió a su manera, pero sin duda que esta comunidad apostólica adquiere un dinamismo que antes no tenía y Jesús les había prometido la acción del Espíritu, les conviene que yo me vaya porque si yo no me voy no vendrá a ustedes el Espíritu, el Espíritu Santo. Él les va a enseñar todo y Él es fuente de vida. Para nosotros aquí comenzó una nueva etapa en la historia de la salvación y estaría muy bueno que experimentemos nuevamente la alegría y el gozo de ser discípulos misioneros de Jesús porque a partir de este momento nosotros somos enviados, enviados a todo el mundo a predicar el Evangelio, por eso se aparece delante de los discípulos y por eso sopla sobre ellos, ese ruaj, ese espíritu que se insufla a la comunidad es similar al ruaj, al espíritu que aleteaba sobre las aguas en el momento de la creación, porque en el momento de la creación cuando Dios estaba haciendo todo, ordenando todo, sacándolo de la nada porque fue creación, hecho de la nada, por voluntad de Él, entonces ya estaba la acción del Espíritu Santo.

Por eso cuando se crea al hombre la expresión es hagamos al hombre a nuestra imagen según nuestra semejanza, porque es en ese momento cuando Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, una comunidad trinitaria, una comunidad de amor imprime en el ser humano su sello, por eso nosotros estamos llamados a vivir en comunidad, por eso estamos llamados a vivir en la unidad, que es el Espíritu el que nos reúne y el que nos impulsa, sobre esto en particular habla el apóstol refiriéndose a que el Espíritu supera la diversidad, nos congrega, nos reúne y un desafío primordial que tiene la iglesia y que tenemos todos los seres humanos es a vivir justamente en ese contexto de unidad, de armonía, de paz.

monaguillo 1Misa de Pentecostés en la Iglesia Catedral de la Diócesis de la Santísima Concepción, celebrada por Mons. José Antonio Díaz.   

Cuando uno experimenta la acción del Espíritu buscando la unidad uno puede decir es seguro que este es el Espíritu de Dios, cuando alguien en cambio provoca la división y el enfrentamiento podemos decir con seguridad este no está actuando según el Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios tiende a la unidad, tiende a la comunión, por eso en esta línea de trabajo sinodal que el Papa nos ha convocado tiene que ver con esta búsqueda de la comunidad, de la comunión, de la participación y de la misión, tres palabras que hacen referencia a una experiencia de ser iglesia, a un modo de ser iglesia, si bien ya lo habíamos experimentado en otro momento, comunión, participación y misión es una expresión que habla de lo que está llamada a ser la iglesia, una iglesia sinodal, en donde todos trabajemos, cada uno según su carisma, pero todos tendiendo a lo mismo, sin cortarnos solos, sin buscar protagonismos exagerados, sin buscar privilegios, sin buscar centralidad o autorreferencialidad, en el seno de la iglesia cada uno está llamado a poner los carismas que ha recibido y si no lo pone está cometiendo un pecado de omisión, porque lo que Dios nos da es para ponerlo a servicio y ponerlo a servicio en esa línea de construir el reino de los cielos, de construir la unidad de la iglesia, este espíritu es el que da vida a todas las cosas y por lo tanto estamos llamados a renovar la iglesia bajo la acción de ese espíritu, del espíritu santo, para lo cual hace falta hacer un ejercicio con continuo y constante de discernimiento para saber si lo que nos mueve es el espíritu santo, porque sobre todo en este tiempo que estamos atravesados por una cultura mediática se hace un poquito más difícil discernir si esto viene de Dios o no viene de Dios, si viene del espíritu santo o de otro espíritu, el demonio se va poniendo cada vez más sutil y no para tener miedo sino para tener cuidado, porque en esa sutileza va penetrando de un modo imperceptible en nuestra conciencia, en nuestra vida, en nuestras comunidades, en nuestras familias y él no quiere construir, quiere dividir, quiere destruir, deconstruir.

Que este día sea un día en el que podamos nosotros anhelar desde una espiritualidad fuerte lo que significa ser discípulos misioneros de Jesús, en este año de la oración al espíritu le tenemos que pedir también nosotros enséñanos a orar, así como los discípulos le pidieron a Jesús enséñanos a orar y él les enseñó al Padre Nuestro, hoy le tenemos que pedir al espíritu enséñanos a orar para que él gima en nosotros y desde nuestro interior y nos enseñe lo que significa la experiencia de la oración.

Sin su ayuda divina no hay nada en nosotros que pueda ser puro, que pueda ser inocente, que pueda ser auténtico, sólo el Espíritu nos lava, nos riega, profundiza hasta lo más íntimo de nuestro ser, sólo el Espíritu Santo nos puede conducir a conocer a Dios porque sólo el Espíritu conoce a Dios. San Juan en su primera carta define a Dios como amor y expresa claramente el que ama conoce a Dios, el que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor y el Espíritu en Dios es el amor que une al Padre y al Hijo.

El Hijo procede del Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y en esa comunión y en esa conjunción él es el maestro de la armonía y el maestro de la comunión. Por eso para nosotros vivir y cultivar una espiritualidad sólida, firme, profunda significa dejarnos conducir por la acción del Espíritu Santo. Los carismas y la diversidad de roles, de funciones que hay en la iglesia no están para protagonizar competencias o rivalidades, están para enriquecer el servicio y el trabajo de la evangelización. Que la Santísima Virgen nos ayude y nos haga caminar en este sentido sinodal que quiere el Papa que caminemos, en unidad, en armonía y en paz, guiados todos por la acción del Espíritu, poniendo al servicio la riqueza de los carismas con que ha nutrido a la iglesia.

 

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