


Domingo de Gaudete: la alegría que también se viste de rosa
Vientos Tucumanos Noticias




El tercer domingo de Adviento es conocido en la liturgia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana como el Domingo de Gaudete, una jornada especial dentro del tiempo de preparación para la Navidad. Su nombre proviene de la palabra latina gaudete, que significa “alégrense”, tomada de la antífona de entrada: “Gaudete in Domino semper” —alégrense siempre en el Señor—.
A diferencia del tono penitencial que caracteriza al Adviento, representado habitualmente por el color morado, este domingo propone un alto en el camino, una invitación clara a la alegría cristiana. Por eso, la liturgia permite que los sacerdotes vistan ornamentos de color rosa, un signo visible y profundamente simbólico: la luz de la Navidad ya comienza a asomarse.
El Papa Francisco, con los los ornamentos en un domingo denominado de "Gaudete"
En este último Domingo de Gaudete, el Papa León XIV dio un testimonio elocuente al celebrar la Eucaristía con los ornamentos rosados, respetando y resaltando el sentido pleno de la liturgia. Un gesto sencillo, pero cargado de significado, que se convirtió en ejemplo para la Iglesia universal.
Sin embargo, en no pocas comunidades se observa que tanto sacerdotes como obispos optan por continuar usando el color morado, dejando de lado el rosa que la liturgia propone para esta jornada particular. Esta decisión, que muchas veces no es explicada, da la impresión de que no todos están plenamente de acuerdo o en sintonía con el sentido litúrgico del Domingo de Gaudete, e incluso con el ejemplo que marca el jefe de la Iglesia, el Papa.
III Domingo de Adviento (Gaudete), Domingo de la Alegría, Papa Benedicto XVI
Más allá de las razones personales o pastorales, los signos litúrgicos no son detalles menores: expresan comunión, obediencia y unidad. Cuando se los omite, el mensaje de la alegría cristiana corre el riesgo de diluirse, especialmente en un tiempo que invita a renovar la esperanza.
El rosa no debilita el espíritu del Adviento; lo completa. No es ruptura, sino anticipo. No es liviandad, sino esperanza viva. En tiempos donde muchas comunidades atraviesan dificultades, este domingo recuerda que la fe cristiana no es solo espera, sino también celebración confiada.
El Domingo de Gaudete invita a volver a lo esencial: la alegría del Evangelio, esa que no se oculta ni se disimula, y que también se expresa en los gestos visibles de comunión con toda la Iglesia.


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