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Corpus Christi: Muchas veces somos tibios, somos fríos en relación a Jesús sacramentado y por eso no le dedicamos tiempo; Jesús sigue abandonado en los sagrarios

Mons. José Antonio Díaz, reflexiono sobre la importancia de la Eucaristía y la presencia real de Jesucristo en ella. Destaca la necesidad de profundizar en la fe y permitir que la Eucaristía transforme nuestras vidas para ser testimonios vivos de la presencia de Jesús en el mundo.

RELIGION 02 de junio de 2024 Vientos Tucumanos Noticias Vientos Tucumanos Noticias
Corpus Christi Monseñor José Antonio Díaz
Jesús Sacramentado en manos del Obispo José Antonio Díaz, recorrió por el interior del templo.

Homilía del Obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción, José Antonio Díaz, en el día de Corpus Christi.   

Estos días, este tiempo, desde la Pascua, estamos celebrando los misterios centrales de nuestra fe que luego se prolongan y se profundizan tiempos muy fuertes que tienen que ver con la resurrección de Jesús, que tienen que ver con Pentecostés, con la manifestación del Espíritu, con la solemnidad de la Santísima Trinidad en donde Dios se revela como comunidad de personas.

Este misterio de la Eucaristía que celebramos hoy, el sagrado corazón de Jesús, la solemnidad del sagrado corazón de Jesús que lo vamos a celebrar en esta semana también, son misterios muy hermosos, muy ricos y que hacen al núcleo fundamental de nuestra fe y que nos llaman a contemplar, a pensar, a reflexionar, a descubrir, a profundizar.

Este misterio de la presencia sacramental de Jesús que nosotros lo celebramos de un modo principal el jueves santo, día de la institución de la Eucaristía, en un contexto de banquete, en un contexto de comida, en un contexto de encuentro, de intimidad de Jesús con los apóstoles, en donde hay no sólo alegría por lo que se está celebrando, porque los discípulos o los apóstoles en ese momento no dimensionaban todo lo que estaba sucediendo. Jesús estaba instituyendo de un modo anticipado esa noche la nueva alianza, sellada con su sangre, que se da de comer como comida y se da como bebida.

Esa nueva alianza que están ellos celebrando anticipadamente también tiene notas oscuras como ser la traición de Judas. Judas sale de la sala y dice, el apóstol Juan era de noche, como diciendo la oscuridad ha ganado en la vida de Judas. Y otras circunstancias que están en torno a la Eucaristía instituida por Jesús esa misma noche, la institución del sacerdocio, del servicio y del amor mutuo, y todo eso nosotros lo celebramos en cada Eucaristía, y en cada Eucaristía descubrimos la presencia del Señor que nos llama para hacernos una comunidad, para hacernos su pueblo.

Copus Christi

Mons. José Antonio Díaz, predicando su homilía de Corpus Christi , en la Catedral de la Diócesis en Concepción  

Esa es la nueva alianza, una alianza que no está sellada con la sangre de animales, que es algo ritual, externo, como lo hacían el pueblo de Israel según el mandato que habían recibido, sino que la nueva alianza está sellada con la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y ese sello, esa alianza se hace no en la exterioridad sino en la interioridad de este pueblo. Por eso cuando celebramos la Vigilia Pascual una de las lecturas que leemos justamente referido a esta interioridad de la alianza, para nosotros este es el paso fundamental de una religiosidad basada meramente en ritos a una fe profunda de encuentro con aquel que da la vida para sellar esta alianza. Pero como sucedió también en la última cena, sucedió después de la resurrección, las dudas que tenía Tomás respecto de la resurrección, porque él no había estado el día que Jesús se presentó con los apóstoles por primera vez y dijo si yo no pongo mi dedo en su llaga, mi mano en su costado, no lo voy a creer, y ocho días más tarde Jesús se aparece nuevamente, estando allí Tomás, y lo invita a que haga la experiencia de tocar, de palpar.

Sus dudas, su incredulidad nos permitieron esa reafirmación de la fe en la resurrección. Y con el sacramento de la Eucaristía pasó algo similar. Un sacerdote que tenía dudas acerca de la presencia real de Jesucristo, andaba buscando la forma de una especie de demostración, de reafirmación de su fe y haciendo una peregrinación hasta Roma celebrando en Bolsera, tiene la experiencia de signos elocuentes de la sangre del Señor, del Jesús que muerto ha resucitado y se hace presente en el sacramento de la Eucaristía. Y eso él lo lleva a Urbano IV que ya tenía noticias acerca de esto, de la necesidad de una fiesta que hable más explícitamente de la presencia del resucitado en el sacramento de la Eucaristía y por esa razón instituye esta solemnidad. Las dudas de este sacerdote nuevamente nos permiten a nosotros reafirmar nuestra fe en la Eucaristía. Esas dudas que muchas veces nos ponen un freno, es un palo en la rueda y no nos permiten avanzar decididamente para abrazar a Jesús sacramentado. No valoramos la Eucaristía porque en el fondo no creemos del todo.

Creemos pero tenemos nuestras dudas y por esa razón muchas veces somos tibios, somos fríos en relación a Jesús sacramentado y por eso no dedicamos tiempo, por eso no adoramos, por eso preferimos otras devociones antes que la adoración a Jesús sacramentado y por eso Jesús sigue abandonado en los sagrarios y por eso el Señor que está esperándonos queda siempre como relegado y nosotros llevamos adelante una fe cristiana superficial sin entrar en el centro mismo de nuestra fe que es el vínculo con Jesús sacramentado. Siempre andamos como orillando, decimos normalmente, sin encontrar ese centro y ese núcleo fundamental de nuestra fe que es la presencia real de Jesucristo en la historia. Él ha querido hacerse compañero de camino, por eso el misterio de la encarnación le permite a Él identificarse con nosotros para que luego de la redención obrada por Él y luego de convertirse en pan que es alimento nos permite a nosotros hacer el camino de identificación con Él y la comunión sacramental nos permite este camino de encuentro ya no sólo en la adoración a Él en la exterioridad de nuestra persona sino en la interioridad porque en el momento que comulgamos recibimos su presencia su presencia real.

Corpus Christi 1

Adoración al Santísimo Sacramento terminada la Celebración de la Eucaristía   

Es lo eterno que viene a los temporales, lo temporal que adquiere sentido eterno y cada encuentro con Jesús sacramentado es recuperar la memoria, por eso el memorial de la redención que se actualiza en cada eucaristía y es abrirnos el horizonte y un horizonte de eternidad que en el presente ya es un anticipo, por eso somos peregrinos, peregrinos de la esperanza como lo vamos a reflexionar más profundamente el año que viene cuando celebremos el jubileo en el que el Papa quiere que reflexionemos sobre esta condición de ser peregrinos de la esperanza, caminantes, pero caminantes que necesitan de ese alimento que les da vida, no sólo una vida temporal, pasajera, sino un alimento de vida eterna por eso el Señor nos convoca para ser un pueblo que se reúne, que se congrega y esta comprensión de cómo la eucaristía hace a la iglesia, así como también la iglesia dispone todo para la celebración eucarística, la eucaristía nos construye como iglesia porque si todos comulgamos de un mismo pan somos un solo cuerpo, si todos compartimos la vida de Dios, todos experimentamos la riqueza de lo sobrenatural y nos vinculamos entre nosotros porque es el mismo pan que todos compartimos y que nos hace un solo pueblo esta es la nueva alianza que se sella con la sangre del resucitado y que nos invita a realizar en nuestras vidas esa experiencia de acuerdo de encuentro íntimo con aquel que nos da la vida, con aquel que no sólo es el camino a la verdad sino sobre todo es la vida que nos renueva, que nos descubre o que nos hace descubrir el verdadero sentido de las cosas que esta celebración de Corpus Christi sea para nosotros un arrojarnos en este misterio tan hermoso, tan alto, tan profundo para que desde allí podamos encontrar las raíces mismas de nuestra fe.

Allí podemos encontrar el por qué soy cristiano, el por qué soy católico, el por qué soy católico, porque puedo encontrar en este sacramento, esto no lo pueden encontrar otras comunidades religiosas que llevan el signo de cristianos pero que no creen en el sacramento, en los sacramentos y tampoco en el sacramento de la eucaristía, ellos se pierden lo más precioso que tiene la fe cristiana que es la presencia real de Jesús sacramentado y nosotros estamos llamados a difundirlo y sobre todo a comunicarlo a través de nuestra vida por eso, por último, recordar que la eucaristía requiere de una prolongación en la vida que se decía en aquel tiempo que hoy lo decimos vayan en paz significa vayan a predicar el evangelio vayan al mundo a predicar el evangelio y llevamos dentro llevamos dentro el contenido mismo de lo que anunciamos por eso cuando uno piensa en el misterio relaciona el misterio de la eucaristía con la vida cotidiana uno tiene que pensar en la fructuosidad de cada eucaristía si después de cada eucaristía salimos igual que cuando vinimos es probable que no nos haya servido de

nada cada eucaristía tiene que ser una oportunidad para transformarnos para que el encuentro con Jesús sacramentado me devuelva una vida nueva me abra un horizonte distinto y me haga descubrir lo valioso, lo bello, lo precioso que es no sólo creer en Jesús sino estar identificados con él y desde esa identificación dejarnos transformar por él y con nuestra palabra y nuestra vida ayudar a que el mundo sea un poco mejor empezando desde nuestras familias desde los ambientes más cercanos en los lugares de trabajo ser testimonio vivo de lo que Jesús nos ha comunicado.

Que la virgen nos acompañe, ella que hizo su primera procesión de corpus como dicen algunos cuando visitó a su prima Isabel y en ese camino hacia Incarín ella era portadora de la presencia de Jesús sacramentado, mejor dicho de la presencia de Jesús en su vientre y que lo descubre Juan el Bautista dando ese brinco que lo hemos celebrado ahora con la fiesta de la visitación el pasado viernes, nos recuerda que nosotros somos portadores, lo que llevamos modifica, cambia, nosotros quizás no nos damos cuenta pero la presencia de Jesús trabaja por sí solo. Que la virgen nos ayude para ser portadores de esta buena noticia.

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