Seguinos en nuestras redes sociales...         
Facebook_logoinstagramtwitterYOUTUBEee

Mons. Díaz: “Que esta cuaresma sea una nueva oportunidad para ser, para renacer, para ser nuevos”

El obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción, José Antonio Díaz, celebró la Eucaristía en el primer domingo de cuaresma, en la iglesia Catedral en Concepción. Las tentaciones de Jesús. 
RELIGION 23 de febrero de 2026Vientos Tucumanos NoticiasVientos Tucumanos Noticias

MisaA través de las tentaciones de Jesús, se destaca la importancia de discernir entre obediencia a Dios y desobediencia, buscando un encuentro profundo con Él en nuestro corazón.

Homilía de Monseñor José Antonio Díaz, en el primer domingo de cuaresma:

Queridos hermanos, hemos comenzado la cuaresma el miércoles pasado, con un signo muy decidor, que es la ceniza sobre nuestras cabezas, con la exhortación de un llamado a la conversión, conviértete y cree en el evangelio, y una toma de conciencia, recuerda que eres polvo, y al polvo volverás, y en polvo te convertirás. Y en este introducirnos a la cuaresma, el señor nos hacía ver que la Cuaresma tiene que servir en primer lugar para para dar un paso importante en nuestra forma de ser cristianos. Cuidándonos de la levadura de los fariseos, que pone el acento en la apariencia para agradar a los demás. Y el texto del evangelio del miércoles nos exhortaba a que cuando vayas a ayunar, perfúmate la cabeza, de tal manera que nadie se dé cuenta que estás ayunando, lo mismo que cuando vayas a rezar, entra a tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu padre que ve lo secreto, y tu padre que ve lo secreto te recompensará. Un paso de la exterioridad a la interioridad.

Y ese primer paso, que es muy importante, tiene que ver con la búsqueda del encontrarnos con Dios en el propio corazón, atendiendo a ese llamado que nos hacía el Papa Francisco de volver al corazón, volver a la interioridad, volver al encuentro con Dios en el propio corazón. Ese camino de interioridad requiere también de una mirada realista sobre nuestra condición frágil como seres humanos. Por eso, en el programa de la Cuaresma, el primer domingo de Cuaresma, todos los años, la iglesia nos presenta este texto de las tentaciones en distintas versiones de las tentaciones que Jesús vive en el desierto. Y esas tentaciones que obedecen, por un lado, a la fragilidad humana, que está muy manifestado, muy expresado en el libro del Génesis, está fogoneado, de alguna manera, por la inteligente y sutil forma de tentación que ejerce el demonio sobre Adán y Eva, y sobre cada uno de nosotros, en donde se nota, porque es una página extraordinaria, en donde aparece claramente la intención del tentador y la fragilidad humana en el momento de la toma de decisiones, en el momento de la prueba. En eso hay que diferenciar entre prueba y tentación. La prueba es cuando Dios nos da un mandato para nosotros cumplirlo, nos pone una exigencia, como es este caso del mandamiento de no comer de este árbol, es un límite a la libertad humana, y se pone a prueba la capacidad de obedecer a Dios de parte del hombre. No es un capricho, pero sí es una forma de educar. Hoy en día nosotros sabemos y cobramos conciencia de la necesidad que tenemos de ponerle límites a nuestros hijos cuando van creciendo, y no simplemente permitirles que hagan lo que a ellos se les dé la gana.

En el límite hay una prueba, y esa prueba produce paciencia y virtud probada, es decir, uno crece, crece en firmeza de carácter cuando toma decisiones, no basados en el gusto o en el deseo del momento, sino porque luego de discernir, yo sé lo que conviene. Esto conviene porque esto es lo que Dios quiere. Y mi decisión va en esa línea de lo que Dios me ha enseñado. El tentador, no es que ponga una prueba, está buscando manejar la situación de tal manera que la decisión sea en contra de la voluntad de Dios. Por eso el demonio comienza con una pregunta, ¿cómo es ese asunto que Dios les dijo que no coman del árbol? Comienza como cuando nosotros queremos introducirnos en una conversación y empezamos con una pregunta, bueno, sutilmente, en esta forma de serpiente, parece. Y Eva responde, podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín, pero respecto del árbol que está en medio del jardín, nos ha dicho, no coman de él ni lo toquen, porque, de lo contrario, quedarán sujetos a la muerte. Le pasó toda la información. Y yo creo que es el primer paso para contrarrestar o neutralizar al tentador y a cualquier tipo de manipulación es no entrar en conversación. Porque al ingresar a conversar con alguien que es mucho más inteligente que nosotros, descuidadamente, permitimos el avance del maligno. Hay dos peticiones últimas en el Padrenuestro, que dicen que rezan, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Jesús sabía perfectamente la tentación va a estar siempre, por eso lo que pedimos es no nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal, del maligno, que en este caso no es una abstracción filosófica del mal, sino que es una personalización del maligno. En ese contexto, lo que intenta hacer el demonio, y lo logra, es generar dudas acerca de las intenciones que Dios tiene cuando da los mandamientos. No, de ninguna manera van a morir, les dice el demonio. No morirán, Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal. En el entramado de la tentación siempre está como la duda respecto del mandato de dios. Y al poner en duda, y una mentira, lo que pasa es que Dios no quiere que ustedes sean como él, por lo tanto, lo que le está diciendo es, ustedes tienen que ser como dioses, conocedores del bien y del mal.

Misa 1La cuaresma invita a la conversión y reflexión sobre nuestra fragilidad humana, afirmó Mons. José Antonio Díaz, en su homilía. 

Y eso ha ocurrido a lo largo de la historia en repetidas oportunidades, especialmente con algunas corrientes filosóficas, en donde se exhortaba a que había que matar a Dios para que el hombre sea él mismo y pueda crecer. Esa autoafirmación del hombre consistía, en primer lugar, en matar a Dios. Bueno, lo que le está diciendo la serpiente, el demonio, a Eva es justamente eso, pone en tela de juicio el mandato de Dios, pone una mala intención parte de Dios para permitir que ellos crezcan, se autoafirmen en contra de él. Eso significa hacerlo semejante a Dios. Esto me parece que es muy interesante pensarlo, porque muchas veces, antes de obedecer a Dios, nosotros ponemos trabas a los mandatos de Dios, y empezamos a cuestionar lo que Dios ha establecido. Y cuando entramos a cuestionar lo que Dios ha establecido, empezamos a buscar alternativas. Esa alternativa al mandato de Dios hace que de pronto comencemos a imaginar un nuevo orden, no basado en lo que Dios nos manda, sino en lo que a nosotros nos conviene, lo que nosotros creemos, lo que nosotros buscamos, nada más que para satisfacer muchas veces nuestro capricho o nuestros deseos. La consecuencia de la desobediencia, según aparece en este texto, es la malicia. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó su fruto, comió y luego lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces, se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos entretejiendo hojas de higuera. El texto habla sin duda que parte esencial del pecado tiene que ver con lo atractivo de la desobediencia.

El ser humano, cuando va a pecar y peca gravemente, no peca por algo que no le gusta, peca por algo que le gusta, que por algo que es apetitoso, podríamos decir, por eso los apetitos de la naturaleza humana tienen que ver también en el proceso del discernimiento y de la decisión. Pero la experiencia de la desobediencia, el fruto de la desobediencia es la malicia. Por eso comenzaron a mirarse, estaban desnudos, y recién se dan cuenta que estaban desnudos a partir de esta mirada maliciosa, uno con el otro. Es un texto que vale la pena leerlo y meditarlo. Estamos hablando de los capítulos dos y tres del libro del Génesis, y seguramente, si ustedes tienen la posibilidad, el tiempo, durante esta semana, es bueno leerlo y releerlo, porque la sutileza con la que el escritor describe este proceso de tentación tiene mucho que ver con los procesos que nosotros que nosotros hacemos a diario muchas veces. Por eso vale la pena también sacar algunas conclusiones en relación a cuál debe ser la reacción que como cristianos debemos tener ante el tentador. En primer lugar, no entrar en diálogo, no entrar a hablar con el demonio, porque el demonio nos saca mucha distancia, es muy superior desde el punto de vista inteligente, sabe perfectamente a dónde va a tocar. Por eso el en el texto del evangelio dice que después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, Jesús sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dice, si tú eres el hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes. Con lo cual está dándonos un indicio, siempre el tentador va a tocar nuestras partes más sensibles, nuestras dimensiones personales más sensibles. Al soberbio lo tocará en su soberbia, al lujurioso en su lujuria, al perezoso en su pereza, al envidioso en su envidia, a cada uno le tocará su parte de más fragilidad, Jesús se encontraba en medio del desierto después de no comer cuarenta días con hambre, sentía hambre. Y la primera tentación por esa razón es que, si tú eres el hijo de dios, manda que estas piedras se conviertan en panes. Tiene que ver y pone sintonía con la situación en la que se encuentra. Y a nosotros nos pasa lo mismo, siempre que nos encontremos en situaciones de fragilidad, de duda, la tentación se hace más fuerte y el tentador nos tocará especialmente en esa dimensión. Por otro lado, esto de poner en tela de juicio lo que Dios nos diga, porque alguien a alguien se le ocurrió a través de los medios de comunicación social elaborar argumentaciones que van en contra de lo que Dios dispone.

Y nos ha pasado y nos seguirá pasando en nuestra historia como país, en los que aparecen argumentos que van en contra incluso de las evidencias. Ya pusimos en varias oportunidades este ejemplo, pero siempre es bueno recordarlo. Obviamente que un ser humano concebido en el vientre materno tiene derechos, porque es un ser humano, y a pesar de las evidencias científicas que demuestran esto, sin embargo, hay una gran cantidad de argumentaciones que van en contra del respeto de la vida humana. Sin embargo, nosotros muchas veces le prestamos el oído a los que hablan a favor del aborto, desoyendo no solo la evidencia científica, sino lo que Dios nos ha enseñado. Por esto, la tentación tiene que ver en gran medida con esta fragilidad y en este contexto en el que el inteligente tentador se aproxima sutilmente para engañarnos. La iglesia quiere durante este primer domingo recordarnos esta condición humana frágil que necesitamos, frente a lo cual necesitamos tener advertencia, estar atentos, no dejándonos llevar. Es muy conocido, es muy conocida la actitud del cristiano en el contexto de relación al mundo, de dejarse llevar por la corriente. Y eso está muy metido en nuestra manera de vivir, esto de dejarlo ser, de dejar que sea, dejar que suceda, así como viene, sin ponerle freno. Esto favorece a que el tentador haga de las suyas, y nos convence de que no está mal, de que está todo bien. Si vos lo sentís, si a vos te gusta, no está mal, está bien. Y los criterios ya no son si Dios manda o si Dios no manda o si qué manda Dios, sino si me gusta o no me gusta. Con ello facilitamos las cosas para que el tentador nos convenza con facilidad que está bien y forma parte de los derechos humanos, que nosotros hagamos esto o aquello según sea nuestro antojo en el momento que nosotros creamos oportuno.

Por eso la tentación está hablando de una condición humana frágil que necesita ser fortalecida, y esto es lo que nos quiere decir la iglesia en este domingo, las tentaciones reflejan que hay una fragilidad humana que debe ser fortalecida. Y el segundo domingo de cuaresma nos marcará la meta, este es el fundamento, el porqué de la cuaresma. El para qué de la Cuaresma viene el segundo domingo, cuando Jesús se transfigurará delante de los apóstoles, mostrándole la gloria, mostrándole el triunfo. En este domingo vemos la lucha que tenemos que abordar y afrontar en el segundo domingo el triunfo que alcanzamos luego de esa pelea, lucha y de ese combate espiritual. Hay una desproporción, dice Pablo, entre lo que es el don y lo que es la falta. El don es la gracia de Dios que ha sido derramada en nuestros corazones por el espíritu santo, y la falta es insignificante en relación a ese don. Por eso San Agustín hacía referencia a esto en cuanto que él le llamaba feliz culpa que nos mereció tan gran salvador, feliz culpa porque ese pecado nos mereció este salvador. Y en eso marca la gran desproporción que hay entre la gracia que recibimos, a pesar de que no lo merecemos, y la falta que cometimos y que provocó la reacción amorosa de Dios de dar la vida por nosotros. Que esta cuaresma sea una nueva oportunidad para ser, para renacer, para ser nuevos. El rostro resplandeciente, fruto de la gracia de Dios, pero luego del combate, luego de la pelea, luego de la lucha, luego del trabajo espiritual que tenemos que hacer, que no es solamente rezar algunos actos de piedad o hacer algunos actos de caridad, sino hacer un proceso de identificación con Jesús resucitado, que la santísima virgen, que ha vencido a la serpiente, nos acompañe en esta tarea.

Te puede interesar
Lo más visto