


Papa León XIV en Miércoles de Ceniza: “El mal no proviene de supuestos enemigos; ha entrado en los corazones”
Vientos Tucumanos Noticias
El Papa León XIV dio inicio a la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza
El Papa León XIV dio inicio a la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, en la que hizo una fuerte llamada a la conversión personal y comunitaria, al advertir que el origen del mal no puede atribuirse sólo a factores externos, sino que exige asumirse desde la responsabilidad personal.
“El mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha entrado en los corazones, está en el interior de la propia vida y debe asumirse con valiente responsabilidad”, dijo el Papa durante la homilía pronunciada en la Basílica de Santa Sabina, tras la tradicional procesión penitencial desde la iglesia de San Anselmo.
En su mensaje, el Pontífice afirmó que la Cuaresma es un tiempo en el que la Iglesia reconoce con humildad su propia fragilidad en medio de un mundo herido y hostil.
“Tenemos que admitir que se trata de una actitud contracorriente, pero que, cuando es tan natural declararse impotente delante de un mundo que arde, constituye una alternativa auténtica, honesta y atractiva. Sí, la Iglesia existe también como profecía de comunidades que reconocen sus propios pecados”, señaló el Papa.
En una sociedad marcada por la polarización y la búsqueda de culpables externos, León XIV subrayó que la conversión implica un examen sincero de conciencia. “Es más, aquí toma forma un pueblo que reconoce sus propios pecados”, dijo, y añadió que la Iglesia “existe también como profecía de comunidades que reconocen sus propios pecados”.
Una llamada comunitaria a la conversión
El Santo Padre recordó que la Cuaresma no es solo un camino individual, sino un proceso que involucra a toda la comunidad. Citando al profeta Joel, destacó: “Convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho” (Jl 2,16).
“La Cuaresma, también hoy, es un tiempo fuerte de comunidad: ‘Reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea’”, insistió. En ese contexto, advirtió que el pecado “toma forma en los entornos reales y virtuales que frecuentamos” y se manifiesta incluso en “verdaderas ‘estructuras de pecado’ de orden económico, cultural, político e incluso religioso”.
Frente a ello, propuso un camino de libertad: “Oponer el Dios vivo a la idolatría —nos enseña la Escritura— significa osar la libertad y reencontrarla a través de un éxodo, de un camino”.
El Pontífice subrayó el carácter urgente del tiempo de Cuaresma, citando a San Pablo: “‘Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación’ (2 Co 6,2)”.
Asimismo, destacó el papel de los jóvenes, quienes —afirmó— “perciben claramente que es posible una forma de vida más justa y que existen responsabilidades por aquello que no funciona en la Iglesia y en el mundo”. Por ello, animó a “empezar por donde se pueda y con quien esté dispuesto a hacerlo”.
Las cenizas de un mundo herido
En otro de los pasajes de su homilía, el Papa León XIV evocó la imagen de las cenizas no sólo como signo penitencial, sino como reflejo del sufrimiento: “Hoy podemos reconocer la profecía que contenían estas palabras y sentir, en las cenizas que se nos imponen, el peso de un mundo que arde en llamas”.
El Papa habló de “ciudades desintegradas completamente por la guerra”, de “las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos”, así como “las cenizas de ecosistemas enteros y de la concordia entre las personas”. También lamentó “las cenizas del pensamiento crítico y de la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en toda criatura”.
Ante la pregunta del profeta —“¿Dónde está su Dios?”—, el Pontífice afirmó que la respuesta cristiana pasa por la coherencia de vida: “Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya un presagio y un testimonio de resurrección”. Esto, añadió, significa “no quedarnos entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir”.
Camino hacia la Pascua
La celebración comenzó con la tradicional procesión penitencial desde San Anselmo hasta Santa Sabina, siguiendo la antigua práctica romana de las estaciones cuaresmales. En la Eucaristía, el Papa presidió el rito de bendición e imposición de la ceniza, que marca el inicio de los 40 días de ayuno, oración y limosna en preparación para la Pascua.
Al concluir su homilía, León XIV invitó a vivir la Cuaresma en una profunda sintonía con Dios: “La Cuaresma, como nos sugiere el Evangelio, liberándonos del deseo de ser vistos a toda costa, nos enseña a ver más bien lo que nace, lo que crece; y nos impulsa a servirlo”.
“Es la profunda sintonía que se establece con el Dios de la vida, nuestro Padre y el de todos, en el secreto de quien ayuna, ora y ama”, concluyó.


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