Comenzó abril y del Pequeño Cottolengo Don Orione sólo llegan mensajes cargados de angustia. Están al límite, preguntándose -y trasladando la inquietud a la comunidad-: ¿por qué tanto ensañamiento con los discapacitados? ¿Cuál es el límite? ¿No hay quien advierta la crueldad implícita en las políticas (o la falta de ellas) que colocan a estas instituciones altruistas en tal escenario de crisis que amenaza su existencia?













El Gobierno nacional hundió la motosierra hasta el hueso del área de discapacidad, al punto de que el apotegma “no hay plata” bien puede imprimirse en esa piel. 









