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“El paso del tiempo renueva generaciones, pero no debe borrar historias, debe impulsarnos a preservarlas con más fuerza”

El excombatiente Ramón Eduardo Saavedra, veterano de la Guerra de Malvinas, dirigió su mensaje en el acto conmemorativo organizado por el municipio de Concepción. 
SOCIEDAD02 de abril de 2026Vientos Tucumanos NoticiasVientos Tucumanos Noticias

aaEl acto conmemorativo por el día de los "Veteranos y caídos en Malvinas" se realizó en la Plaza Mitre de Concepción.

Nos reunimos una vez más en este espacio de memoria y de encuentro, en este paseo principal de nuestra bendita ciudad, para rendir homenaje a una de las causas más profundas, sensibles y persistente de nuestra historia nacional, la causa de las Islas Malvinas. Han pasado cuarenta y cuatro años desde aquel dos de abril del ochenta y dos, una fecha que quedó inscrita para siempre en la memoria colectiva de los argentinos. Aquel día, nuestra bandera volvió a flamear en las islas, y con ella se hizo presente una vez más el sentimiento de soberanía, de pertenencia y de identidad que nos une a todo un pueblo. Pero más allá de los hechos históricos, más allá de los debates o interpretaciones, hay algo que permanece intacto y que nos convoca hoy aquí, el recuerdo de quienes dieron su vida por la patria.

Seiscientos cuarenta y nueve argentinos yacen entre el suelo malvinense y las aguas del Atlántico Sur. Seiscientos cuarenta y nueve nombres, que no son números, que no son estadísticas, que no pertenecen únicamente al pasado. Son historias, son rostros, son familias, son jóvenes que partieron con la convicción de servir a la patria, y que quedaron para siempre custodiando ese territorio y el mar que tanto amaron. Ellos son presencia viva, son vigía permanente en nuestra memoria. Son la expresión más profunda de entrega, de valor y de compromiso, y frente a ellos, frente a su sacrificio, como sociedad, tenemos una responsabilidad que nos prescribe recordar, honrar y transmitir. Porque la memoria no es un acto pasivo. La memoria se construye todos los días, se enseña, se comparte, se sostiene. Y en ese camino, hay un desafío que debemos asumir con claridad, hacer que la causa Malvinas esté presente en la formación de las nuevas generaciones. Nuestros niños y adolescentes no solo son el futuro, son también el puente entre lo vivido y lo que vendrá. Es fundamental que, en cada escuela, en cada aula, en cada espacio educativo se conozca lo que ocurrió, que no quede reducido a una fecha en el calendario, que no se diluya en el paso del tiempo. Que un estudiante sepa quién fue capitán Pedro Giacchino, qué hizo, por qué es recordado, que entienda que detrás de cada nombre hay una historia de entrega que pueda dimensionar que la historia de Malvinas no es lejana, no es ajena, sino profundamente nuestra. Porque así, como en algún momento de nuestras vidas muchos de nosotros debimos estudiar procesos históricos lejanos, hoy tenemos la oportunidad y la responsabilidad de asegurar que nuestra propia historia reciente sea comprendida, valorada y transmitida. Y, en ese sentido, hay algo que no podemos dejar de mencionar, la importancia de escuchar a quienes estuvimos allí. Los veteranos de guerra no son protagonistas del pasado, son testigos vivos, son portadores de una experiencia que ningún libro puede reemplazar. En sus palabras, en sus silencios, en sus recuerdos, habita una verdad que debe ser escuchada. Por eso es necesario fortalecer los espacios donde puedan compartir sus testimonios, donde puedan ser convocados, su voz tenga lugar, no solo como homenaje, sino como parte activa de la construcción de la memoria colectiva. El paso del tiempo renueva generaciones, pero no debe borrar historias, al contrario, debe impulsarnos a preservarlas con más fuerza. También es cierto que, como sociedad, hemos atravesado distintos momentos en la forma de vincularnos con esta causa. Hubo etapas de mayor presencia, otras de silencio, etapas de reconocimiento y otras donde ese reconocimiento no alcanzó la dimensión necesaria.

Hoy, la perspectiva nos da el tiempo. Tenemos la oportunidad de seguir construyendo un camino más sólido, más justo, más consciente, un camino donde el reconocimiento no sea tardío, sino oportuno, donde el homenaje no llegue solo después, sino también en vida. Porque reconocer a quienes estuvieron, a quienes dieron tanto, es un acto de justicia, y también es un acto de humanidad. En ese espíritu, surgen propuestas que nacen desde el respeto y el deseo de mantener viva la memoria en el espacio cotidiano.

Iniciativas que buscan que el recuerdo no solo sea en actos como este, sino que formen parte de la vida diaria de nuestras comunidades. Pensar en identificar los hogares donde viven o vivieron veteranos, colocar placas que los reconozcan, nombrar calles en honor a quienes ya no están, son formas concretas de hacer visible esa historia. Son gestos que tienen un profundo valor simbólico, porque cada vez que alguien lea un nombre, cada vez que pregunten quién fue esa persona, estaremos generando memoria, estaremos evitando el olvido. Y ese es, quizás, uno de los mayores desafíos, que el tiempo no borre lo que tanto costó. Porque el olvido no es inmediato. El olvido se construye lentamente cuando dejamos de nombrar, cuando dejamos de enseñar, cuando dejamos de recordar. Y, frente a eso, la memoria debe ser activa, consciente y sostenida. Hoy también vivimos en un mundo complejo, atravesado de conflictos, tensiones y realidades cambiantes. Las noticias internacionales, los escenarios de guerra que aún persisten en distintas regiones, nos interpelan y nos recuerdan que la paz es el único valor que debe ser cuidado permanentemente. Desde nuestra historia, desde lo vivido, podemos aportar una mirada que valore el diálogo, la diplomacia y el entendimiento entre los pueblos como caminos fundamentales. La causa Malvinas, en ese sentido, también se proyecta hacia el futuro, no solo como un reclamo legítimo de soberanía, sino con un compromiso con la paz, con el derecho internacional y con la búsqueda de soluciones a través de medios pacíficos. Esa es la forma en que una nación honra su historia, aprendiendo de ella, proyectándola con responsabilidad y sosteniéndola con dignidad. Queridos presentes, hoy no es un día más, es un día para detenernos, para mirar hacia atrás con respeto y hacia adelante con compromiso, para agradecer a quienes estuvieron, a quienes volvieron, a quienes no pudieron hacerlo, a sus familias, que sostuvieron y sostienen su memoria, para reafirmar que la causa Malvinas no pertenece al pasado, que sigue viva en cada uno de nosotros, que es parte de nuestra identidad como pueblo. Y para asumir también que esa memoria necesita ser cuidada, necesita ser transmitida, necesita ser defendida del paso del tiempo. Porque una nación que recuerda es una nación que se fortalece, y una nación que honra a sus héroes es una nación que se reconoce a sí misma.

Que este acto no sea solo un momento, que sea un compromiso, el compromiso de seguir nombrando, de seguir enseñando, de seguir reconociendo, el compromiso de que esos seiscientos cuarenta y nueve nombres sigan presentes, de que sus historias sigan siendo contadas, de que su legado siga guiando, que cada niño, que cada joven, cada ciudadano pueda entender que Malvina no es solo un territorio, es memoria, es historia, es identidad, y que en cada rincón de nuestra patria, en cada barrio, en cada calle, en cada escuela, esa memoria tenga un lugar, porque mientras haya memoria, habrá también futuro, y mientras haya futuro, habrá también esperanzas. Muchas gracias, felices pascuas para todos, y viva la patria. Viva.

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