A lo largo del debate, la defensa de Soto, ejercida por Roque Araujo, logró sembrar dudas razonables sobre la instrucción del caso, calificando la investigación de "fábula" y denunciando que se pretendía condenar a un "chivo expiatorio" para evitar la prescripción. Araujo remarcó la falta de pruebas directas, como mensajes de texto o testigos que ubicaran a Paulina en la vivienda de Soto la noche de su desaparición, una debilidad que el Tribunal parece haber validado al dictar la sentencia absolutoria. La orfandad de evidencias físicas, producto de una investigación que nació viciada por el encubrimiento policial hace 20 años, terminó siendo el mejor aliado de la defensa.










El tribunal desestimó la tesis del fiscal, quien sostenía que Soto había estrangulado a la joven en su domicilio de calle Estados Unidos aquel 26 de febrero de 2006. 









