


Melitón Chávez: ¿Cuál debería ser “Nuestra Pascua”, es decir, de qué muerte tendremos que ser resucitados?
Vientos Tucumanos Noticias




HOMILÍA DE LA MISA DE PASCUA

Queridos hermanos todos:
Estamos celebrando juntos la Pascua con esta liturgia que a través de la belleza de sus signos nos quieren transmitir la novedad de la Vida del Crucificado que ha vencido a la muerte y renuevan la esperanza de resucitar con El a una Vida nueva.
El fuego nuevo, la luz del cirio pascual que se comunica y se reparte entre todos, la escucha serena de la Palabra de Dios que nos recuerda las maravillas obradas por Dios en la historia de su pueblo y, sobre todo el anuncio gozoso de que el Crucificado ha dejado atrás la tumba que lo encerraba y HA RESUCITADO, todo ello nos sitúa con las mujeres y los discípulos para llenarnos de alegría y dejar atrás las dudas y la tristeza que nos afligía. ¿Quién nos moverá la piedra?, se preguntaban ellas, porque sus expectativas estaban puestas todavía en las fuerzas humanas, pero el Señor ya había hecho su obra: Ha resucitado.
Luego tendremos la oportunidad de renovar las promesas de nuestro bautismo y compartir la mesa con el Resucitado que nos da a comer de su cuerpo para resucitar.
Todo es una invitación a volver a la fuente misma de nuestra vida cristiana. Hacemos memoria viva de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor y actualizamos nuestra pertenencia a Él renovando nuestro Bautismo y volviendo a creer en la inocencia de la que fuimos revestidos para que ése y no otro, sea siempre nuestro horizonte, nuestra referencia permanente.
El testimonio del Amor grande de nuestro Dios lo manifiesta Jesús dando la vida como amigo: “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn15,3). Ése amor cuestiona hoy nuestras conductas, pensamientos y actitudes personales y sociales, porque en verdad esta situación de la pandemia que afecta al mundo entero así como despertó mucha solidaridad y entrega de mucha gente, también abrió un escenario en el que se puso en evidencia la mezquindad y la dureza de corazón que no dejan paso al Amor que todo lo cambia y hace nuevas todas las cosas. La pandemia del desamor, la injusticia, la violencia y el abandono.
Es oportuno por eso que nos preguntemos en esta Pascua cuál debería ser “nuestra pascua”, es decir, de qué muerte tendremos que ser resucitados. Lo pensemos todos: ¿qué hay en mí, qué hay en nosotros, quizás muy en el fondo de nuestras vidas, desde hace mucho tiempo, que necesite ser cambiado, que deba resucitar para ser en verdad hombres y mujeres nuevos, qué hay en nosotros como miembros de la comunidad cristiana que debamos dejar atrás como un sepulcro vacío para caminar los nuevos caminos de Iglesia en una auténtica conversión pastoral en estos tiempos de renovación.
El fruto precioso de la Pascua es la vida nueva de Hijos de Dios y de hermanos. ¿Vivimos como Hijos, vivimos como hermanos?
Como argentinos y tucumanos, ¿no necesitamos acaso una Pascua verdadera, una Resurrección de tantos males que nos tienen retenidos en la pobreza creciente, en la violencia también creciente, en el triste espectáculo de las disputas políticas que sólo pueden mostrar una insaciable búsqueda de espacios de poder, en la que parece que todo vale, hasta la mentira y el desprecio por la justicia? Tampoco olvidemos que somos un país en el que de una manera u otra hemos permitido que se instale como ley la muerte de los inocentes por el aborto.
Estamos en deuda, hermanos. Todos. Nos debemos una resurrección verdadera, la necesitamos, con hechos y no sólo con palabras vacías y ritos superficiales. Porque el que murió por nosotros entregando de verdad su vida en la cruz, verdaderamente HA RESUCITADO. Nos debemos la belleza. Nos debemos la alegría una convivencia de auténticos hermanos, todos, sin excluir a nadie, para ser hermanos de verdad.
Esta es la oportunidad: Aprovechemos esta Pascua para dar el salto y ponernos a caminar juntos hacia esa meta que llena de luz nuestras vidas y nos da una esperanza cierta. Que San José nos anime con su ejemplo de fe manifestada con hechos, más que con palabras, y que María, la protagonista amorosa de la Pascua de su Hijo, nos ayude a vivirla con mucho fruto.
¡Felices Pascuas!


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