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La ley, La Cruz y El Templo: La tres palabras que usó el Obispo José Antonio Díaz, en el tercer domingo de la cuaresma en su homilía

La Celebración Eucarística de este domingo en la Catedral de Diócesis de la Santísima Concepción fue presidida por el Obispo José Antonio Díaz. Lee la Homilía completa.

RELIGION 03 de marzo de 2024 Vientos Tucumanos Noticias Vientos Tucumanos Noticias
Mons. c
Mons. Díaz basó su homilía en tres palabras, La Ley, La Cruz y El Templo.

 

Homilía del tercer domingo de Cuaresma:

Queridos hermanos, tres palabras que podrían sintetizar o hacer un intento de síntesis de lo que hemos escuchado.

La primera palabra, La ley:
Que aparece en la primera lectura del libro del Éxodo en donde se entrega la ley que va a regir al pueblo de Israel. Y para nosotros la ley es muy importante, aunque a la hora de obedecerla normalmente nos cuesta mucho, preferimos hacer las cosas como nosotros queremos y no ajustarnos a lo que la ley establece. Y cuando hablo de la ley, por supuesto me estoy refiriendo a la ley de Dios, aunque podríamos extenderlo y decir tampoco o también nos cuesta mucho obedecer la ley positiva que regula la vivencia social. Pero concentrémonos en este tiempo de la cuaresma en examinar de qué modo y en qué medida nosotros cumplimos con la ley de Dios o guardamos en el corazón la ley de Dios para cumplirla. Lo que Dios nos dice, lo que Dios nos pide, lo que Dios nos indica es una fuente de orientación para nosotros. Pero en este afán de hacer la vida no de acuerdo a la voluntad de Dios, sino a nuestra propia voluntad, muchas veces no meditamos la ley. De paso estaría muy bueno recordar que la profesión de fe que nosotros hacemos está expuesta en modo de credo en el catecismo de la iglesia católica que también habla en la segunda parte acerca de la celebración que nosotros celebramos y de la ley moral que nos rige.

Cuáles son las indicaciones concretas en situaciones concretas, qué es lo que Dios piensa, esto está sintetizado en la tercera parte del catecismo de la iglesia católica. Estaría bueno que durante la cuaresma nosotros la tomemos y la revisemos. Normalmente nos abordamos ciertas cuestiones que aparecen en los medios de comunicación social y entonces aparece qué dice la iglesia sobre esto, qué dice la iglesia sobre aquello, y nos encuentra sin recursos porque normalmente esperamos esos momentos de debate público para adherir a la opinión de uno, a la opinión de otro, pero no tenemos la dedicación de escuchar lo que enseña la sagrada escritura y lo que enseña la iglesia al respecto. Por eso la ley es importante y vale la pena que durante este tiempo de la cuaresma lo reflexionemos.

La segunda palabra, La Cruz:

 Que aparece en la segunda lectura de la carta de Pablo a los cristianos de Corinto. La cruz que es para nosotros una fuente de sabiduría y de fortaleza. La cruz que es respuesta a lo que están pidiendo los judíos que son signos y lo que están pidiendo los griegos que es sabiduría. Los judíos nos piden milagros, los griegos piden sabiduría y nosotros anunciamos a Jesucristo crucificado que es sabiduría y fortaleza. Porque la locura de Dios es más sensata que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. La cruz como respuesta.

Y cuando contemplamos la cruz no sólo contemplamos a un hombre sufriente, a un hombre que ha entregado su vida sino el signo del amor, hasta donde Dios nos ama. Y eso hace que nosotros abordemos nuestra vida no desde la lógica de una sabiduría humana o desde el vacío de buscar signos simplemente, sino desde encontrar el camino de la vida en la cruz. Porque sin cruz no hay resurrección, no hay vida nueva. El camino de la cruz es un programa de vida para nosotros. Y en este tiempo de la cuaresma nos sirve mucho pensar en qué medida yo estoy asumiendo, tomando la cruz que me toca y con qué actitud lo estoy haciendo.

Mons. BEl Obispo José Antino Díaz impartió su "Bendición" en la parte final de la Santa Misa 

La tercera palabra, el Templo:

Que aparece en este texto del Evangelio de Juan, que sintetiza muchas cosas porque el templo era el centro de la fe judía. Y de pronto Jesús aparece y en el atrio del templo solían poner todos estos ofrecimientos de ventas, de mercado, un mercado. Vale la pena también hacer notar que Jesús con eso está sacando todas las acciones supletorias que él mismo va a asumir de un modo definitivo con su ofrecimiento y con su sacrificio.

No existían animales en sacrificio y Jesús asume en sacrificio todos los sacrificios humanos en un solo sacrificio que es su entrega en la cruz, que reemplaza todo tipo de ofrecimiento que nosotros podamos hacer haciendo notar que quien salva es el sacrificio redentor de Jesús.

No son ofrecimientos que nosotros podamos hacer, que puede ayudarnos en la medida en que nosotros adherimos al sacrificio de Jesucristo. Pero Jesús muestra su celo, su celo por la casa y aquí hay que notar cómo de pronto a veces, recién cuando nos enojamos, aparece la seriedad o la gravedad de la situación. Nosotros en este afán de tener buena convivencia, normalmente procuramos usar palabras que no sean agresivas y Jesús nos enseña que hay cosas que requieren y ameritan que levantemos la voz, que hablemos claro y que hagamos notar que hay cosas con las cuales no se puede transigir.

Y una de esas cosas es el lugar sagrado, que en este caso es el templo. Si bien para nosotros el templo no es el centro de la fe, dentro del templo el centro litúrgico está en el altar, el altar es el centro de todo este templo porque es el lugar en donde nosotros ofrecemos el sacrificio de Jesús. Jesús es el que se ofrece, el que actualiza su pasión, muerte y resurrección. Pero por más que no sea el centro, nosotros no somos como el pueblo de Israel en ese sentido, es la persona de Jesús que se encuentra en las sagradas escrituras, que se encuentra en una celebración eucarística, que se encuentra en el hermano, que se encuentra en el enfermo, en el pobre, en el sufriente.

En esos hombres y mujeres concretos encontramos el rostro de Jesús. De hecho cuando Jesús habla con la samaritana acerca de que ella había estado preguntándole a Jesús si dónde tenían que rezar, si en el monte Galicín que era el monte en el que ellos adoraban a Dios o en Jerusalén. Y Jesús les dice, te aseguro que ya ha llegado el tiempo en que los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad.

No les está refiriendo a un lugar físico, está refiriendo a una relación en espíritu y en verdad. Es decir, una fe auténtica y una fe que brota del espíritu. Y si bien es cierto que es muy importante el templo, también es cierto que el mismo Señor les advirtió a los judíos sobre todo esto que ustedes ven, que era un templo hermoso, no quedará piedra sobre piedra, todo será destruido. Con lo cual estamos haciendo referencia a que nuestros espacios sagrados son importantes y los tenemos que respetar y tenemos que tener celo para respetar estos lugares sagrados, pero no nos tenemos que olvidar que a lo largo del día nosotros vivimos en un sinnúmero de lugares, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo, en el barrio, en la calle, cuando nos encontramos con los otros y somos portadores de la presencia de Dios.

Mons. A

El obispo puso el acento de su homilía en tres palabras, La Ley, La Cruz y El Templo 

Y en cada lugar, en cada momento, en el encuentro con cada persona, tenemos la oportunidad de orar y la oportunidad de encontrarnos con Jesús. Este año el Papa nos ha pedido que preparándonos para el año que viene, un año jubilar, dediquemos a reflexionar y a profundizar en la oración. Y ahora me vuelvo a remitir al Catecismo de la Iglesia Católica en la cuarta parte del Catecismo que se dedica exclusivamente a hablar sobre la oración, es una muy buena oportunidad para leerlo, si no lo tenemos como libro físico, lo podemos encontrar en internet en donde se lo puede bajar. No haga de la casa una casa de comercio, y en otro texto va a decir porque la casa de mi padre es una casa de oración. En donde debe sobre todo reinar la adoración, el silencio, pero también es un lugar de encuentro con Dios y con el hermano. El templo es un espacio en donde nosotros nos encontramos como comunidad. Y así como tenemos momentos de adoración, también hay momentos de escucha, momentos de alabanza y momentos también de encuentro con el hermano. Porque lo que Dios quiere es una comunidad y Él nos reúne como comunidad.

Que estas tres referencias que la palabra de Dios nos hace en este domingo, nos ayuden durante la semana y durante el tiempo que queda de la cuaresma para rumear, reflexionar, profundizar, leer, estudiar acerca de la ley, de la importancia de la ley, acerca de la cruz y de cómo podemos configurarnos con ella en este tiempo. Y acerca del templo, pensando que también nosotros somos templo de Dios, como ya de una manera temprana Pablo lo refirió, porque ustedes son templos de Dios. Y por lo tanto, cada uno de nosotros es un ámbito en donde se encuentra en la intimidad del corazón, nos encontramos con Dios y desde allí lo proclamamos. Que la Santísima Virgen nos acompañe en esta tarea.

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En este quinto domingo de Cuaresma contemplamos la dinámica de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Jesús habla de dar su vida por los demás y de obedecer a Dios. Reflexiono en su homilía el Obispo José Antonio Diaz, en la Catedral de la Diócesis de la Santísima Concepción.

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