


"Hoy me toca a mí, acercarme y caminar junto a ustedes, acompañando a José María y aprendiendo de él"
Vientos Tucumanos Noticias



Homilía Monseñor Melitón Chávez
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy estamos dando comienzo a esta novena de preparación de la Gran Celebración de Nuestra Madre Inmaculada. La Palabra de Dios nos hace presente el misterio de la visitación de María a Isabel, en donde la Virgen es llamada “Madre del Señor”, la Feliz porque ha creído. Ese camino que María realiza presurosa al encuentro de su parienta, lo hace, apenas recibe en su seno al Hijo de Dios, llena del Espíritu Santo. Y porque lleva en su vientre al que es y será siempre la Alegría de los hombres, por eso va irradiando ese gozo. Y Juan se estremece de gozo dentro de Isabel. La casa se llena de Alegría.

Todo esto no solamente nos refiere al acontecimiento de ese día, sino que marca ya desde entonces el camino de la Iglesia, su modo de ser, su estilo. Y cada vez que la Iglesia es consciente de que es portadora de Cristo, pueblo animado por su espíritu para llevar a la humanidad la alegría del amor, cada vez que se pone en camino saliendo de sus egoísmo autorreferencial, de su comodidad, de sus miedos, cada vez que no se queda a la puerta de la casa, sino que entra en ella, no se queda a la distancia como para señalar errores, para mirara sin comprometerse; cada que vs que nosotros como Iglesia, nos animamos a entrar en la casa, sin avasallar, sino para estar y amar sirviendo, para caminar con nuestra gente, cada vez que nos decidimos a ser Iglesia hogar, servidora, testigo humilde, estamos cumpliendo con nuestra misión.

Porque evangelizar es alcanzar y transformar desde adentro la vida, la cultura, las conductas personales y sociales con la fuerza del Evangelio. María es la que nos señala el rumbo. La presencia singular de Jesús en María, la impulsa al encuentro, al servicio, al amor.
Por eso celebramos que, en estos tiempos difíciles de la sociedad, tiempos de tristes desencuentros, en estos tiempos duros para la Iglesia en los que ya nos podemos erigirnos como un factor de poder porque la fragilidad se hace visible y hasta se hace escándalo; en estos tiempos podemos seguir contando con María que nos visita y nos invita a ser lo que somos: creyentes, creyentes de verdad: “Feliz de ti porque has creído”. Iglesia que se acerca con su fe humilde pero potente, y camina al lado de los hombres, llenas de la compasión de su Señor, para entender sus dudas y caídas, para llenar de alegría la vida de los hombres. Eso es anunciar el Evangelio.

Acercarse, sin miedo. Caminar juntos, a veces sosteniendo el paso débil de tanta gente, en muchos que llevan en su rostro las señales del dolor y de la exclusión, de tanta gente que hoy se siente fuera de la Iglesia, porque no siente que sus ámbitos litúrgicos sean un espacio para ellos. Caminar junto al pobre, recibir la vida como viene, poner el cuerpo a las situaciones difíciles que plantea hoy la sociedad.
El mismo evangelio de Lucas en el capítulo 24, nos presenta a Jesús ya resucitado, pero acercándose a los discípulos desencantados de la vida, porque no habían entendido el misterio de la Cruz y, acercándose, se puso a caminar con ellos.
Hoy me toca a mí, acercarme y caminar con ustedes hermanos. Sumarme a este camino que ustedes vienen recorriendo hace 56 años, y acompañar a mi hermano José María aprendiendo de él.

Dios a permitido que estos pasos míos, en estos tiempos, sean frágiles, porque habiendo lanzado a la misión pastoral en la querida Diócesis de Añatuya me encontré con la enfermedad que me impidió continuar allí. La Providencia de Dios quiso que se diera esta nueva oportunidad, mas acorde a mis capacidades actuales. El Santo Padre me confirmó en el servicio pastoral enviándome a esta Diócesis que lleva el nombre de nuestra Madre.

Quiero agradecer a todas las personas y comunidades que han sido embajadoras de la ternura y del cuidado de Dios para conmigo. Desde mi familia, hasta las comunidades que me tocó servir como cura, la querida Diócesis de Añatuya, donde aprendí como se cree y se espera en medio del dolor, donde pude palpar la belleza y la potencia de piedad popular. A todas y cada una de las personas que han rezado por mi y me han brindado su cuidado mientras estuve enfermo. He aprendido mucho de esa muestra tan cercana del amor. Espero testimoniarlo dando de lo que he recibido. Soy consciente de que lo sufrido y el amor recibido hecho oración y servicio, no son casuales en mi vida. Son para vivirlos en esta nueva etapa de mi vida en la Iglesia acercándome y caminando hoy con ustedes.

Hoy también doy gracias junto a mis hermanos Pepe y Jorge porque hace 34 años fuimos ordenados sacerdotes en Tucumán. Recen por nosotros.---
María Inmaculada, Virgencita, María de la Visitación ayúdame y ayúdanos a ser Iglesia para estos tiempos, de esta historia de nuestro Tucumán. Amén.



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