“Ven Espíritu Santo, necesito cambiar el estilo de mi vida, que no me esté mirando solamente a mi”

RELIGION 31 de mayo de 2020 Por Vientos Tucumanos Noticias
El Obispo Melitón Chávez habló en su homilía sobre el significado de la fiesta de “Pentecostés”. El Espíritu Santo es “Don” que significa regalo, gracia.
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Mons. José Melitón Chávez - Obispo Diócesis de la Santísima Concepción

Partes de la homilía del Obispo de Diócesis de la Santísima Concepción, José Melitón Chávez, en el día de la Fiesta de Pentecostés.

Hoy es un día de una inmensa fiesta en la iglesia, hoy es el día en el que la Pascua de Cristo se comunica a toda la iglesia, a todos los creyentes, a la humanidad, a la creación entera.

Hoy es el día de “Pentecostés” 50 días después de la Pascua según la promesa de Jesús, los discípulos reunidos junto a María reciben esa efusión, ese derramamiento del don del Espíritu Santo. Ese Espíritu Santo que viene curiosamente en forma de viento y fuego, como para expresar esto que el mismo Jesús decía que el Espíritu Santo sopla, donde quiere y cuando quiere y nadie sabe de dónde viene y adónde va. Así es el viento nos dice, así es el Espíritu Santo que se derrama con toda libertad en toda la creación, en toda la humanidad y por supuesto en toda la iglesia.

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El Espíritu Santo viene para llevar a cabo la santificación de los fieles y la santificación del mundo, es decir que ese misterio que estaba encerrado en la persona de Jesús resucitado, que era propio de Jesús que se hace hombre por obra y gracia del Espíritu Santo y que lleno de él, anuncia la buena noticia a los pobres.

Por eso nosotros recibimos el Espíritu Santo  de una forma puntual en el bautismo y todos los que recibimos la confirmación y el Espíritu Santo obra en todos los sacramentos, nos recuerda, nos trae el sentido de la palabra de Dios, para que esta palabra que leemos no sea palabra muerta, sino que sea el mismo señor que nos habla, es el que anima a los apóstoles a la misión, por eso es viento y fuego, fíjense cuando a alguien les falta el aliento decimos que esta como enfermo, no puede caminar, no puede jugar, no puede trabajar, no puede compartir, no puede servir, no puede estar dispuesto al servicio de los demás.

Le falta ese dinamismo le falta la fuerza del Espíritu Santo, por eso viene en forma de viento para dar nuevo impulso a la iglesia, para que la iglesia con ese viento, con ese fuego del amor de Dios, que encendió el corazón de los discípulos  en aquel momento para que salgan a evangelizar, pierdan el miedo, toda tentación de mirarse a sí  mismo.

Jesús nunca pensó a la iglesia como una institución cerrada, sino como una comunidad en movimiento, una comunidad que acompaña a la humanidad y que sale al encuentro de los hijos de Dios, para animarlos y para servirlos. Ese es el don del Espíritu Santo, todo lo hemos recibido y hoy lo pedimos para toda la iglesia en este momento tan particular de humanidad.

El Espíritu Santo se nos da a nosotros para hacer un solo cuerpo, pero a la vez también para respetar la diversidad de carismas y decir que el mismo que une al universo, como sucedió en Pentecostés aquellos pueblos que tenían distintas culturas, distintas lenguas, de pronto se encuentra alabando al Señor cantando las maravillas del Señor, cada uno en su propia lengua y todos lo entendían.  

El Espíritu Santo también se manifiesta en la diversidad, que solo tiene sentido en la medida que se la vive en el amor y las tentaciones son, por un lado querer que todo el mundo piense lo mismo, que todo el mundo haga lo que yo quiero, como yo pienso un pensamiento único, una sola acción todo el mundo. Eso nunca es de Dios.

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El mismo que creo la unidad, creo la diversidad y respeta nuestro color, nuestros pensamientos, nuestra variedad, tantas expresiones en el mundo de la misma fe.

Eso es la iglesia, un cuerpo único y diverso a la vez. ¿Quién hace todo eso? El Espíritu Santo.

Cuando decimos “Ven Espíritu Santo y renovaras la faz de la Tierra” no le estamos diciendo ven para que cada uno haga lo que quiera, ven para discernir lo que Dios quiere y buscar juntos al Espíritu Santo ara que nos oriente al bien común.  

Una cosa es hacer lo que yo quiero y otra es dejarnos llevar por el Espíritu Santo y eso implica la Oración, la Oración no es solo para sentir, Oración es para hacer la voluntad de Dios, la Oración es para pedir con humildad así como el sediento pide agua.

Cuando rezo estoy pidiendo a Dios que refresque mi alma, le estoy pidiendo a Dios ese soplo suave que de calma a mi corazón, que me haga sentir la ternura y el cariño de Dios.

El Espíritu Santo nos tiene que sacar del miedo, de la indiferencia y me haga buscar el bien de todos, que sepamos que la mejor forma de buscar el propio bien es buscar incansablemente el bien de todos.

El Espíritu Santo es “Don” que significa regalo, gracia. De las tres personas divinas “Padre, Hijo y espíritu Santo” la que lleva cabalmente el título de don, es el Espíritu Santo.

Si yo pido el don del Espíritu Santo es para que yo también sea un don para los demás. El regalo es merecido, el regalo brota del corazón de aquel que ama aunque lo merezca o no su destinatario.

Si yo recibo el Espíritu Santo es para dar a los demás la vida de Dios, a través de mi amor, de mi servicio, de mi solidaridad,  de mi trabajo incansable por el bien común.

Ojala todos podamos decir, “Ven Espíritu Santo, yo necesito cambiar el estilo de mi vida, que no me esté mirando solamente a mi” eso de mirarme a mi es una tentación también, como estar quejándonos de todo, el Espíritu Santo es el que disuelve ese mal espíritu de la queja y de mirarme a mí mismo.  

Aquel día de Pentecostés los apóstoles no estaban solos, así como cuando nos bautizamos estamos con alguien que nos acompaña de quien denominamos “Padrinos”, María hizo esas veces de madrina a junto a los discípulos, para sostenerlos en la oración y para que recibieran el Espíritu Santo.  Por eso pidamos a María inmaculada que nos ayude a vivir plenamente estos momentos.

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