


“Vivamos esta cuaresma con el anhelo de ver una iglesia renovada en el corazón de cada uno de sus miembros”
Vientos Tucumanos Noticias




Homilía de Mons. José Antonio Díaz:
La conversión de los procesos, la conversión de las relaciones, la conversión de los vínculos. La iglesia, como desde el principio, necesita convertirse. Y el llamado permanente, constante, es a esto, a la conversión. Por eso, volver a Dios es el llamado primordial que se nos hace desde la profecía de Joel. Vuelvan a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras. Y vuelvan al Señor su Dios, porque Él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en amor, y se arrepiente de sus amenazas. Con esa exhortación y ese llamado, nosotros iniciamos este camino para dejarnos reconciliar, como dice el apóstol Pablo, con Dios.
Dejándonos guiar por el Espíritu, que es un Espíritu de conversión. Y Jesús que nos ayuda a entender una cuestión propia del tiempo de los apóstoles, cuando Mateo escribe este texto del Evangelio, en donde aparecen estas tres acciones primordiales, la limosna, la oración, el ayuno, que deben ser prácticas de piedad, no orientados a mostrarle a los otros que somos buenos o que somos justos, o que queremos convertirnos, o que estamos haciendo penitencia, oración, etc. Sino desde una actitud de interioridad rica en autenticidad. Por eso la garantía de esta autenticidad o de esta conversión auténtica pasa por el secreto de la relación con Dios. En este secreto está lo auténtico, en esta interioridad, en este silencio interior, que está lleno de vida. Porque normalmente vinculamos la cuaresma con la mortificación, con esto de morir a nosotros mismos. Y está bien que así se haga, pero que la característica primordial no sea una muerte por la muerte misma, sino una muerte para alcanzar una vida más alta, más plena.
Por eso en este texto que nos regala San Mateo se nos invita a pensar que la recompensa no sea en la alabanza, en el aplauso o en el halago que puedan llegar a ser de nosotros que intentamos ser buenos en el tiempo de la cuaresma, sino la recompensa que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. Que este caminar en este tiempo de gracia sea para nosotros una oportunidad, una oportunidad para volver a sentirnos peregrinos encaminados a un encuentro definitivo con Dios. Que alcancemos a visualizar lo más hermoso y lo más pleno que tenemos nosotros como esperanza, como promesa, que es ese abrazo definitivo con el Padre. Que podamos entre nosotros ayudarnos a que nadie se desaliente, a que todos nos animemos. Que ese caminar sea animado por el Espíritu que nos hace también, que nos moviliza y nos hace caminar. Vivamos este tiempo de la cuaresma con este anhelo de ver una iglesia renovada en el corazón de cada uno de sus miembros. Que la Santísima Virgen nos acompañe en este camino. Amén.


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