


"La Ley del Trabajo que se ve en la espiritualidad de San Josemaría Escrivá de Balaguer, construye al discípulo de Jesús en la laboriosidad cotidiana"
Vientos Tucumanos Noticias


Homilía del Obispo José Antonio Díaz, en la Misa en conmemoración A San Josemaría Escrivá de Balaguer
"La Ley del Trabajo que aparece en el Libro del Génesis, en la espiritualidad de San Josemaría Escrivá de Balaguer, se convirtió en una ley de santidad, una ley que construye al discípulo de Jesús en la laboriosidad cotidiana. Y tiene que ver con esto de mirar la obra de Dios detrás de la obra del hombre, de cómo Dios va llevando a cabo en la historia su poder salvífico, su obra de salvación. Por eso aparece la vocación universal a la santidad del apostolado, que antes estaba resaltado especialmente con los consagrados, pero de un modo particular San Josemaría Escrivá de Balaguer lo hace consciente para todos los miembros de la Iglesia, especialmente para los laicos en su vida cotidiana y en los ámbitos en donde desarrolla su trabajo cotidiano.

En el ejercicio del trabajo ordinario nos vamos configurando la imagen de Jesús. Pero esta idea, en primer lugar, de vincular la santidad con este mandato de trabajar cotidianamente que aparece en la liturgia, es muy importante y, sobre todo, muy iluminador para cada uno de nosotros. De esa manera proclamamos la grandeza del Señor, alabamos sus obras y nos unimos al esfuerzo por la salvación. En la carta del apóstol de San Pablo a los Romanos aparece el Espíritu de Dios como el protagonista de esta obra de santificación. En toda la carta a los Romanos el Espíritu aparece unas treinta y dos veces y veintiuna son expresiones de este capítulo ocho de la carta de Pablo, como para marcar la centralidad que tiene para Pablo en este capítulo de la obra del Espíritu, que nos va siendo vistos no solo como un maestro interior, sino como aquel que da vida. Ese Espíritu y nuestro Espíritu dan testimonio coincidentemente, dice Pablo, es decir, conforme a la unidad que hay con el Espíritu.

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Por eso no es solamente un dejarnos conducir por el Espíritu, sino que el Espíritu nos constituye como sujetos que reciben la vida eterna. La vida de Dios, son hijos de Dios. Por eso no recibimos un Espíritu de esclavitud, sino un Espíritu de hijos para poder reconocer a Dios como Padre. Y en el Evangelio escuchamos como en lo cotidiano, si bien este texto de Lucas hace memoria de lo que aparece en el capítulo 21 del Evangelio de Juan, luego de la resurrección, cuando el Señor se aparece a los discípulos diciéndoles, echen las redes, y por eso el asombro que tiene Pedro y el reconocimiento que tiene el Mesías, aparece esta escena en lo cotidiano, para descubrir a los discípulos y el llamado desde el ámbito laboral propio de ellos, porque ellos estaban trabajando.

Y Él se involucra, Jesús se involucra en ese ámbito cotidiano y en ese ámbito de trabajo cotidiano. El reconocimiento del Señor por su poder hace que inmediatamente Pedro diga, apártate de mi Señor que soy un pecador. Es el poder de Jesús el que aparece como marcando la diferencia y Él se descubre como necesitado de misericordia. Y el Señor le dice, no temas, porque desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y dejándolo todo, lo siguieron. En Marcos aparece esta escena después de los signos de Jesús, que hace que ellos ya tuvieran cierta noticia de las obras del Señor, su presentación entre los fariseos y las primeras obras de salvación.

Pero esta relación que vincula Lucas entre el llamado, el arrepentimiento de Pedro y el reconocimiento del Señor, está fuertemente vinculado con el Evangelio de Juan. Con todo esto le pidamos al Señor que nos ayude a entender nuestra vida cotidiana como una oportunidad de hacer de modo extraordinario lo que vivimos ordinariamente y descubrir que eso es fuente de santificación, no por la obra misma que uno realiza, sino porque es Dios el que nos santifica, es Dios el que nos hace santos. Y nosotros acompañamos su obra de santificación mediante el trabajo cotidiano. Y es ahí en lo cotidiano en donde encontramos al Señor que nos habla, que se manifiesta. Que el Señor nos ayude para poder vivir esta forma sencilla, colectiva, de vivir sanos. Para que dando testimonio con nuestra vida, nosotros podamos mantener a Dios con ella".




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